Georges Sorel no puede ser considerado en todos los respectos un Maquiavelino. Por un lado, él era un extremista político. Pese a que los principios Maquiavelinos no estan comprometidos con ningún programa político en particular, no parecen concordar naturalmente con el extremismo.
Ademas Sorel en parte repudia, o parece repudiar, el método científico, y conceder, en ciertas conexiones, la legitimidad de la intuición y de la metafísica derivada del filósofo frances Henri Bergson. En la medida que rechaza ciencia, Sorel ciertamente esta fuera de la tradición Maquiavelina.
Sin embargo, su repudio del método científico es mayormente una apariencia. En realidad el no ataca a la ciencia sino a la pseudo-ciencia académica que el llama «ciencia pequeña», que pretende decirnos sobre la naturaleza de la sociedad y la política pero en realidad sólo busca justificar a tal o cual grupo de buscadores de poder.
Sorel de hecho postula que doctrinas genuinamente científicas no alcanzan para motivar la acción política, pero esta conclusión, lejos de ser anti-científica esta seguida de un cuidadoso análisis científico. Más aún, Sorel comparte totalmente con los maquiavelinos lo que he llamado «anti-formalismo»: Su renuencia a tomar literalmente el valor literal de las palabras, creencias e ideales de los hombres.
En común con otros maquiavelinos el define el objeto de la política como la lucha por poder social y hace el mismo análisis general del comportamiento del «hombre político» que del hombre en general, es decir la lucha por el poder.
Sorel también requiere que analicemos la influencia de otros dos escritores maquiavelinos Robert Michels y Vilfredo Pareto, Pareto más de una vez paga tributo a Sorel, por ejemplo escribe:
«..fue el mayor merito de Georges Sorel que en «Reflexiones sobre la violencia» tiro por borda todas esas fatuidades para ascender a las altitudes de la ciencia. Él no fue debidamente comprendido por la gente que fue en busca de derivaciones y se encontraron en cambio con razonamientos lógico-experimentales. Respecto a cierto profesores universitarios que habitualmente confunden pedantería con ciencia y dada su teoría, enfocan sus microscopios en errores insignificantes y otras menudencias, están completamente desprovistos de las capacidades intelectuales requeridas para entender el trabajo de un científico de la estatura de Sorel»
Sorel, tanto a través de sus escritos como a través de conocerse personalmente jugo un papel importante en la transformación de Michels en un maquiavelino, que ocurió cuando Michels sentó residencia en Suiza luego de una carrera inicial en una universidad alemana.
Propongo enfocarnos en solo 2 puntos tratados por Sorel en su trabajo más famosos «Reflexiones sobre la violencia» (1906). Sin embargo, para entender el tratamiento de estos puntos, es necesario primero hacer un breve recuento del contexto en que dicho libro fue escrito.
Sorel actuaba por entonces, principalmente como periodista y teórico en el movimiento laborista revolucionario francés. La mayor parte del movimiento laborista organizado adhería por entonces a alguno de los partidos de la segunda internacional. Las actividades en esos partidos eran reformistas. Los partidos eran grandes en tamaño y fuerza institucional y se dedicaban a obtener conceciones económicas (salarios más altos, seguro social, etc, etc) para los trabajadores y puestos parlamentarios o gubernamentales para los lideres partidarios.
Ostensiblemente, sin embargo, los programas del partido aún profesaban las metas del socialismo revolucionario: La supresión el capitalismo y la institución de una sociedad libre y sin clases.
Sorel hablo por el ala revolucionarias sindicalistas disidente del movimiento laborista. Los sindicalistas se oponian tanto al estado -no solo el estado existente sino a todos los estados y gobiernos- y a todos los partidos políticos, incluso los que profesaban com o partidos laboristas. Abogaban por la «auto-organización» de los trabajadores, en sindicatos revolucionarios (osea, uniones) sin oficiales profesionales y absoluta independencia del estado y todos los partidos políticos.
El estado, sea el existente o cualquier otro, era considerado por ellos un mero instrumento para la opresión de las masas. Los partidos políticos, los socialistas como todos los demás tenian como objetivo obtener el poder del estado
Consecuentemente, los partidos políticos eran parte de la máquinaría de opresión, si el partido socialista tomaba el poder gubernamental esto de ninguna manera significaría la introducción del socialismo, de una sociedad líbre y sin clases sino simplemente una nueva elite gobernante de las masas.
Este analisis, debemos remarcar, coincide exactamente con el de otros maquiavelinos. Cuando en los proximos capitulos veamos a Robert Michels (Ver Mitchel: The Limits of Democracy), veremos en detalle como aplica a los partidos del socialismo.
En contradicción con el alegado «socialismo científico» de los partidos oficiales, a sus elaborados programas de «demandas inmediatas» y deseadas reformas, a sus largos tratados sobre como el socialismo sera causado y como sera y como funcionara, Sorel insiste que la totalidad del programa revolucionario debe ser expresado integramente como un único mito catastrofico:
El mito del «paro general». El mito del paro general es expresado en terminos absolutos: El cuerpo completo de trabajadores, de proletarios, deja de trabajar, la sociedad queda dividida en dos campos irrevocablemente marcados: Los adherentes al paro de un lado y el resto de la sociedad del otro, toda la producción cesa completamente, la estructura completa de la sociedad existente, y todas sus instituciones, colapsan. Los proletarios revierten su marcha para recomenzar la producción denuevo, no ya como proletarios, sino como productores libres y no gobernados, una completa nueva era en la historia comienza.
Solo ese mito total, cree Sorel, puede impulsar a las masas a una acción revolucionaria. Ningún programa racionalista detallado, ningun calculo cuidadoso de pros y contras, ninguna estimación de resultados y consecuencias, puede ser posiblemente eficáz.
De hecho, el efecto de esos programas es paralizar la acción independiente de los obreros y poner poder en las manos de los líderes que idean y manipulan los programas
No es especificamente el mito del paro general como lo trata Sorel, que nos ocupe particularmente, sino el problema más general del rol positívo del mito en la acción política. Que tipo de construción es tal mito politíco? Si lo interpretamos como una hipotesis científica, como una predición sobre el futuro, se la debe considerar absurda, fantastica, falsa.
Pero esta interpretación, cree Sorel, sería irrelevante. Ni es en lo más minimo el mito parecido a una útopia, aunque a primera vista podría parecercele bastante. Como una hipótesis científica una útopia es un:
«producto intelectual, el trabajo de teoricos quienes, despues de observar y considerar los hechos conocidos, buscan establecer un modelo el cual puedan comparar la sociedad existente a fin de calcular la cantidad de bien y de mal que contiene. Es una combinación de instituciones imaginarias con suficientes analogías con las instituciones reales para que los juristas puedan razonar sobre ellas... Por su parte, los mitos contemporaneos llevan a los hombres a prepararse para un combate que destruira el estado existente de las cosas, el efecto de las útopias siempre ha sido direccionar la mente de los hombres hacia reformas que se pueden lograr parchando el sistema existente...»
(Reflexiones sobre la violencia (1906) al igual que el resto de las citas en italica)Un mito, en contraste con las hipotesis y las útopias, no es ni verdadero ni falso. Los hechos nunca pueden probar su falsedad «Un mito no puede ser refutado, dado que es, en el fondo, identico a las conviciones de un grupo, siendo la expresión de estas conviciones siendo la expresión de estas conviciones en el lenguaje del movimiento y es no es, por tanto, analizable de a partes que puedan ser ubicadas en el plano de la descripción histórica»
«En el curso de este estudio una cosa siempre ha estado en mente, que me ha parecido tan evidente que no pense que valiera la pena enfatizar demasiado: Que los hombres que estan participando en un gran movimiento social siempre visualizan sus proximas acciones como una batalla donde su causa tiene asegurado el triunfo. Estas construciones, cuyo conocimiento es tan importante para los historiadores, propongo llamarlas mitos, el «paro general» sindicalista y la revolución catastrofica de Marx son parte de esos mitos. Como ejemplos notables de esos mitos, he dado aquellos construidos por la Cristiandad primitiva, la reforma, la Revolución francesa y la de los seguidores de Mazzini. Ahora deseo mostrar que no debemos intentar analizar esos grupos de imagenes en la forma que analizamos una cosa por sus elementos, sino que deben ser tomados como un todo, como fuerzas históricas, y que debemos ser especialmente cuidadosos de hacer comparación alguna con hechos consumados y la imagen que la gente se ha hecho en la cabeza antes de la acción.»
«Los mitos no son descripciones de cosas sino expresiones de un acto de determinación»
«La gente que vive en este mundo de mitos esta asegurada contra cualquier refutación... Ningún fracaso prueba nada en contra del Socialismo dado que este se ha convertido en un trabajo de preparación (para la revolución) y si son frenados eso sólo prueva que el aprendizaje es aún insuficiente, sólo deben volver al trabajo con más coraje, persistencia y confianza que antes...»
Pese a que el mito no es una teoría científica y por tanto no require tener una concordancia con los hechos, no es aún así del todo arbitrario. No cualquier mito funcionará. Un mito que sirve para soldar un grupo social -nación, pueblo o clase- debe ser capaz de provocar los más profundos sentimientos y al mismo tiempo debe direccionar las energias a la solución de los problemas reales que el grupo enfrenta en su contexto real. »Se debe hacer uso de un cuerpo de imagenes que, sólo con la intuición, y que antes de que analisis alguno sea hecho, sea capaz de evocar como un todo indivisible la masa de sentimientos que se corresponden con las diferentes manifestaciones de la guerra que el socialismo ha emprendido contra la sociedad moderna.»
«Es cuestión de saber cuales son las ideas que más poderosamente mueven (a los revolucionarios activos) y sus camaradas, cuales más los atraen siendo identicas a sus concepciones socialistas y gracias a las cuales sus razones, sus esperanzas y su forma de ver los hechos particulares parecen formar una unidad indivisible.»
El mito, sin emabrgo, no es fundamentalmente una útopia -osea la imagen de un mundo ideal por venir en el futuro- aunque ordinariamente contiene elementos utopicos que sugieren tal mundo ideal. Hay alguna probabilidad de que el ideal sea alcanzado? Sorel replica: «El mito debe ser juzgado como un medio de acción en el presente, cualquier discusion sobre que tan lejos puede ser llevado literalmente como historia futura carece de sentido»
Si, de todas formas, nos hicieramos esa pregunta, es evidente que el ideal en verdad jamas sera alcanzado o siquiera aproximado. Esto de ninguna forma disminuye el poder del mito, ni altera el hecho de que sólo estos mitos pueden inspirar en grupos sociales a acciones que, pese a nunca alcanzar su forma ideal, si causan grandes transformaciones sociales:
«Sin abandonar el presente, sin razonar sobre este futuro que parece por siempre condenado a escapar de nuestra razón seriamos incapaces de actuar en absoluto... Los primeros Cristianos esperaban el retorno de Cristo y la ruina total del mundo pagano, con la inaguración del reino de los santos al final de la primera generación. La catastrofé nunca ocurrió, pero sin embargo los Cristianos se beneficiaron tanto del mito apocaliptico que ciertos eruditos contemporaneos mantienen que todos el predicamento de Cristo se refería solamente a este punto»
Las esperanzas que Lutero y Calvino habían formado de Exaltación religiosa de Europa de ninguna forma se realizaron... Debemos por esa razón negar el inmenso resultado que vino de los sueños de renovación cristiana? Debe admitirse que los desarrollos reales de la Revolución francesa de ninguna manera recuerdan las encantadoras imagenes que crearon el entusiasmo de sus primeros adeptos; pero sin estas imagenes la revolución hubiese sido victoriosa? .. estas útopias quedaron en la nada, pero aún así cabe preguntarse si la revolución no termino significando una transformación mucho más profunda que la soñada por la gente en el siglo dieciocho invento las útopias sociales.