Un gran mito hace a un movimiento social serio, formidable y heroico. Pero aún así no funcionaria a menos que el mito inspire y este a su vez mantenido por, la violencia. En su analisís de la violencia (la parte más notoría y criticada de su trabajo) Sorel comienza, tal como es el caso del mito, con el problema de la violencia en relación al movimiento revolucionario proletario. Sin embargo, el busca conclusiones valederas para todos los grandes movimientos sociales.
Sorel escribió su obra en los años previos a la Primera Guerra Mundial (1914-1919) en un momento en que las ideas humanitarias y pacifistas eran casi universalmente profesadas por los lideres de la opinión pública. Las guerras internacionales serían suprimidas por medios de tratados y arbitrajes, las guerras de clases mediante reformas y la politica interna de la «paz social». La violencia era ya una reliquia barbarica, pronta a desaparecer por completo.
Ironicamente, pese a las dos guerras mundiales dichas nociones mantienen su atractivo en muchos ambitos y estan siempre presentes en los sueños de como va a ser el mundo cuando culmine la guerra actual*
*Este texto data de 1943 cuando la Segunda Guerra Mundial estaba en curso
Frente a estas opiniones oficiales Sorel contrapone una defensa de la violencia. Sin embargo debemos determinar cuidadoramente que es lo que esta defendiendo y por que.
Sorel no tomalas ideas de humanitarismo y pacifismo «al pie de la letra» como en el caso de cualquier otra idea, él lo relaciona con el ambiente social en el que funciona. Su prominencia no significa que la fuerza haya sido eliminada de las relaciones sociales: La violencia siempre es un factor real regulando la sociedad.
Pero en el capitalismo avanzado, mucha de su fuerza es ejercida en forma automatica e impersonal. Todo el peso del modo capitalista de producción recae sobre los trabajadores dejandolos en sumición económica, politica y social. Desde un punto de vista, la charla humanitarista sirve para ocultar las realidades sociales. Y aún más importante, la denuncia moral de la violencia ayuda a mantener a los trabajadores callados y a que no sus priopios metodos violentos en paros y para la revolución.
Es verdad que el acto descarado de violencia se ha vuelto menos frecuente que en muchas eras anteriores. Es esto en todos los respectos una mejora? Lo es en la medida de que la «brutalidad» (tal como la utilizada por ladrones y bandas de tiempos remotos, o la del estado al castigar criminales) se ha vuelta menos frecuente. Sorel pone cuidado en explicar que que por «violencia» el no entiende este tipo de brutalidad.
Desde otro punto de vista la disminución de casos de abierta violencia en las relaciones sociales es meramente una correlación con el aumento del fraude y la corrupción. El fraude, por sobre la violencia, se ha convertido en el camino más usual hacia el éxito y el privilegio. Por tanto, aquellos que son más adeptos al fraude que a la fuerza, tienen naturalmente una tendencia adoptar los ideales humanitarias.
Los crimenes por fraude no causan el horror moral de los actos de violencia:
Finalmente hemos llegado a creer que que seria extremadamente injusto condenar a mercaderes en bancarrota y abogados que se retiran arruinados despues de catastrofes moderadas mientras los principes del fraude financiero siguen llevando vidas alegres. Gradualmente el nuevo sistema industrial ha creado una nueva y extraordinaria indulgencia para todos los crimens por fraude en los grandes paises capitalistas.
Similarmente en el caso de la clase trabajadora moderna cuando esta bajo el control de reformistas y políticos. La franca aceptación del método de la violencia proletaria amenazaría todas las instituciones existentes de la sociedad. Consecuentemente, la violencia es deplorada por todos aquellos que tienen un papel en la presente sociedad.
Astucia en la forma de doctrinas de «paz social», «cooperación» y «arbitrajes» esta a favor. Un acto de violencia ocasional de los trabajadores es confortablemente pasado por alto, porque este puede ser utilizado por los burocratas laboristas (o un gobierno aliado con los burocratas) para asustar a los empleadores, ganar concesiones para sí mismos y provar su indispensable rol de controlar la violencia proletaria...
« ...para que este sistema funcione adecuadamente, cierta moderación en la conducta de los trabajadores es necesaria... Si los financistas estan casi siempre obligados a recurrir a los servicios de especialistas, mucha más razón hay para los trabajadores que estan completamente desacostumbrados con las formas de este mundo, necesiten intermediarios para fijar la suma que pueden requerir de sus empleados sin exceder limites razonables.»
«De esta forma se nos lleva a considerar el arbitraje bajo una luz completamente nueva y a entenderlo en una forma realmente científica... Sería evidentemente absurdo entrar a una carniceria porcina, pedir un jamón por menos que el precio marcado y decirle al carnicero que envie su pregunta a arbitraje, pero no es absurdo prometer a un grupo de empleadores de las ventajas derivadas de fijar los sueldos por varios años y preguntarles a los especialistas cual es la renumeración de esta garantía. Esa renumeración puede ser considerable si el negocio en cuestión se presupone va a ser bueno durante ese periodo de tiempo. En vez de sobornar a una persona influyente, los empleadores suben los sueldos de sus trabajadores, desde su punto de vista no hay diferencia. Y el gobierno se vuelve el benefactor de la gente, y espera que todo salga bien en las elecciones...»
«En la visión de mucha gente bien informada, la transición de violencia a astucia que se muestra en los paros contemporaneos (Reflexiones sobre la violencia data de 1906) en Inglaterra no deja mucho digno de admiración. El gran objetivo de los gremios es obtener el reconocimiento del derecho de emplear amenazas disimuladas como formulas diplomaticas; ellos desean que no haya interferencias sobre sus delegados cuando vayan a las rondas de los talleres con la misión de hacer entender a esos hombres que desean trabajar que sería de su interes seguir las directivas del gremio.
Adicionalmente, el crecimiento de las ideologias humanitarias y pacifistas, este esfuerzo por esconder la fuerza que sin embargo sigue operando en formas feroces y distorcionadas, para poner la confiabilidad por regla sobre astucia, soborno, fraude y corrupción como preferible a la violencia utilizada francamente, es la marca de la degeneración social. No solo las masas resultan arrulladas y degradadas.
Los gobernantes también decaen. Los gobernantes gobiernan hipócritamente, mediante engaño, sin enfrentar el significado de «gobierno» y un declive general tanto económico como cultural se observa como consecuencia.
«Cuando las clases gobernantes, que ya no se animan a gobernar, se averguenzan de privilegiada situación y estan impacientes por coquetear con sus enemigos y proclamar su horror de toda «división en la sociedad» ellos están actuando como cobardes y no como santos»
«Hagamos, entonces, cada día más y más por los desheredados, dicen estos [dignos liberales]; mostremosnos más cristianos, más filantropicos o más democraticos, unamosnos para lograr el deber social. Lograremos así acabar con estos odiosos socialistas que creen que es posible destruir el prestigio de los Intelectuales ahora que los Intelectuales han destruido el de la iglesia. De hecho, estas astutas convinaciones morales has fracasado, no es difícil ver por que. El engañoso razonamiento de estos caballeros (los pontifices de «deber social») suponen que la violencia no puede incrementarse y que podría incluso disminuir en proporción a como los Intelectuales relajen a las masas y tiren lugares comúnes y muecas a la unión de clases. Desafortunadamente para estos grandes pensadores, las cosas no ocurren de esta manera, la violencia no disminuye en la proporción que debería de acuerdo a los principios de la sociologia avanzada.»
Un abierto reconocimiento de la necesidad de violencia puede revertir la degeneración social. La violencia, sin embargo, sólo puede cumplir esta función, puede evitarse su brutalidad y que sea una mera fuerza de revancha si esta asociada a un gran míto. Míto y violencia, reciprocamente actuando uno sobre el otro, producen no crueldad y sufrimiento sin sentido sino sacrificio y heroísmo.
Pero, lo que es sólo superficialmente una paradoja, la abierta aceptación de la violencia, cuando esta asociada a un gran míto, en la práctica disminuye la cantidad real de violencia en la sociedad. Como en el caso de los martirios de los primeros cristianos, que las investigaciones han demostrado que se trataban de sorprendentemente pócos y menores, la cualidad absoluta del míto da una significancia elevada a lo que da lugar a la violencia y al mismo tiempo pone en guardia contra la interminable repetición de las vulgares brutalidades.
«Es por tanto posible concebir al Socialismo como perfectamente revolucionario, pese a que podría haber unos pocos cortos conflictos, si es que estos tienen la fuerza suficiente como para evocar la idea del Paro General: Todos los eventos del conflicto apareceran entonces bajo una forma magnificada, y la idea de catastrofe mantenida, la escisión será perfecta. De esta forma, una objeción a menudo usada contra el Socialismo revolucionario puede ser dejada de lado: No hay peligro de que la sociedad sucumba bajo el desarrollo de la brutalidad, dado que la idea del Paro General promovera la noción de guerra de clases por medio de incidentes que para los historiadores de clases media pareceran de poco importancia.»
Esta aparente paradoja, que el franco reconocimiento de la función de la violencia en los conflictos sociales pueda tener como consecuencia una reducción en la cantidad real de violencia, es un gran misterio para todos aquellos cuyo acercameinto a la sociedad es formalista. Si los hombres creen y dicen estar contra la violencia, si expresan ideales humanitarios y pacifistas, de eso debe segir según piensan los formalistas, que haya menos violencia en el mundo que cuando se admite abiertamente la necesidad de violencia.
La experiencia histórica sin embargo tolera esta esperanza, como todos los maquiavelinos entenderan. Los ideales humanitarios de buena parte de la aristocracia francesa en el siglo 18 no mitigaron en lo más mínimo el enorme derramamiento de sangre de la Revolución y puede que haya contribuido grandemente a sus excesos. No puede ser demostrado que las concepciones humanitarias del castigo criminal, como las que han florecido en el siglo pasado* e incluso más atras, hayan hecho disminuir los crimenes de violencia. Los movimientos pacifistas y «anti-guerra» son un componente prominente en la vida moderna. No han servido en absoluto para evitar las guerras más gigantescas en toda la historia de la humanidad. En cambio, en aquellos paises donde son más influyentes, han causado una situación en la que más hombres han sido asesinados de los que hubiesen sido si la politica de politicas hubiese estado basada en el hecho de que las guerras son una fase natural del proceso histórico.
*Este texto data de 1943 y Reflexiones sobre la violencia de 1906Incontables experiencias han probado que un golpe firme hoy puede prevenir mil dados y sufridos mañana. Un doctor que niega la realidad de los germenes no por esto disminuye las destructividad de los germenes sobre el organimo humano. En política estas actitudes mágicas, que la medicina a dejado atras, aún perduran. Aún se cree firmemente que negando el rol social de la violencia esta es de alguna manera superada.
La actitud de Sorel frente a la violencia es parte de una actitud social más general que él no duda en llamar «pesimismo». Y esta bien dispuesto a defender la ética del pesimismo:
«El optimista en la política es un hombre inconstante e incluso peligroso porque no toma en cuenta las grandes dificultades que presentan sus proyectos... si pose un temperamento exaltado e infortunadamente se encuentra investido de gran poder, permitiendole así realizar la idea que se le ha ocurrido, el optimista puede llevar a su pais al peor desastre. No tarda en averiguar que las transformaciones sociales no son producidad con la facilidad que el cree, entonces él cree que es la culpa de sus contemporaneos, en vez de explicar que es lo que ocurre necesriamente por cuestiones históricas, se siente tentado a deshacerse de gente cuya obstinación le parece a el muy peligrosa para la felicidad de todos. Durante «El Terror» (1793-94), los hombres que derramaron más sangre fueron justamente aquellos que tenian el mayor deseo de dejar que sus iguales disfrutaran la era dorada con la que soñaban y quienes tenian más comprensión con la desgracia humana: optimistas, idealistas y hombres sensibles, mientras más grande era su deseo de felicidad universal más inexorables se volvian.»
El pesimismo... considera la marcha hacia la realización como ajustadamente condicionada por el conocimiento experimental que hemos adquirido de los obstaculos que se oponen a la satisfación de nuestra imaginaciones (o, si se quiere, por el sentimiento de determinismo social) por un lado, y por el otro por una profunda convicción en nuestra natural debilidad... Si esta teoría es admitida, entonces se vuelve absurdo hacer a algunos hombres malvados responsables por los males que aquejan a la sociedad, el pesimista no esta sujeto a las sanguinarias manias del optimista encaprichado por los inesperados obstaculos que su proyectos encuentran, y no sueña con crear la felicidad de las generaciones futuras masacrando a los egoistas existentes.