2: La norma y el cronometro

«El cerebro del patrón se encuentra bajo la gorra del obrero»

Montgomery


Lo que diferencia a Frederick Taylor de sus predecesores, en lo que indiscutiblemente rompe con las prácticas anteriores, es el hecho de haber constituido al oficio mismo en blanco de ataque, en obstáculo a salvar. No busca el medio de soslayarlo como hace la máquina, de «estimularlo», como, se pretende mediante sistemas salariales cada vez más sofisticados, ni de dirigirlo contra sí mismo como hace el sistema de destajos, sino el medio de destruirlo como tal. Con ello, Taylor procede a un cambio radical de terreno, cuyo resultado histórico sera concepción de un tipo de proceso de trabajo que permitira el despegue de la producción en masa.

I

EL PROPOSITO DEL «SCIENTIFIC MANAGEMENT»: ACABAR CON EL «OFICIO» PARA ACABAR CON EL CONTROL OBRERO DE LOS TIEMPOS DE PRODUCCION

En el fondo del análisis tayloriano hay un doble descubrimiento, una doble certeza:

1. Lo que determina la eficacia del oficio como modo de resistencia a la intensificación del trabajo es esta simple evidencia: el conocimiento y el control de los modos operatorios industriales son en principio propiedad exclusiva, monopolio de la clase obrera. Monopolio ciertamente «fraccionado», «serializado» entre las diferentes profesiones. Pero monopolio y lo esencial es que los patronos están excluidos de el.

2. Todavía más importante, pues ésta es la vertiente «económica» de las cosas, esta «exclusividad» de los modos operatorios es lo que hace posible y, a fin de cuentas, ineliminable el control obrero de los tiempos de producción.

En el fondo -Dirá R. Linhart- se trata de «una cuestión de relación de fuerzas y de saber. Precisamente de relación de fuerzas en el «saber» De ahí esta ecuación tayloríana: quien domina y dicta los modos operatorios se hace también dueño de los tiempos de producción. En manos obreras, este «saber» práctico de fabricación se convierte, como dirá Taylor, en una «holganza sistemática»* que paraliza el desarrollo del capital.

*En los libros de Taylor -Shop Management (1903) y Principles of Scientific Management (1911)- este termino es referido mediante el slang "soldiering"

Doblegar al obrero de oficio, «liberar» al proceso de trabajo del poder que éste ejerce sobre él para instalar en su lugar la ley y la norma patronales, tal será la contribución histórica del taylorismo.

I I

LAS CONDICIONÉS DE LA FORMACION DEL TAYLORISMO: EL CAMBIO EN LA COMPOSICION DE LA CLASE OBRERA AMERICANA

«Contribución» que muchos elementos preparaban. Pues esta situación en la que el obrero de oficio impone sus normas y sus tarifas es tanto más intolerable para el capital -para Taylor que es su expresión más conscientemente cuanto que el «mercado» del trabajo ha sufrido un enorme cambio desde Wakefield y Merivale.

En efecto, desde 1815 (con una aceleración brutal hacia 1840), los Estados Unidos ven cómo se produce, en oleadas sucesivas, el mayor movimiento de inmigración de la historia moderna. Sistemáticamente organizada al principio para paliar la falta de mano de obra, la inmigración va a tomar una dimensión y a revestir unas características tales que va a alterar el conjunto de las condiciones de la acumulación del capital

En ese flujo ininterrumpido que atraviesa el siglo XIX americano, sólo la brecha abierta por la guerra civil delimita dos periodos distintos. Ademas esta distinción (1815-1860 y 1870-1915) no es solamente cronológica: el analisis de la «composición» de la inmigración refuerza el principio de esta distinción en dos periodos, descubriendo unas diferencias sociales eminentes en las caracteristicas de la fuerza de trabajo cuya inteligencia es decisiva, pues las dos «oleadas» de emigrantes se diferencian a la vez por lo que concierne al «país» de origen, las raices y las condiciones de acogida dispensada por los Estados Unidos.

- Primera oleada: de 1815 a 1860, un total de 5 millones de personas desembarcan en los Estados Unidos, un «balance» de la inmigración arroja las siguientes cifras:


Inmigracion total (1860)     5 000 000
Irlandeses     2 000 000
Alemanes     1 500 000
Britanicos        750 000
Franceses        200 000
Suizos          40 000
Noruegos          40 000
Holandeses          20 000

Como se ve, son en su aplastante mayoría inmigrantes de Europa del oeste y del norte. Y, como era de sospechar, esto no es una casualidad. En el origen de esos inmensos desplazamientos de población está la revolución industrial, la expropiación del pueblo campesino, ya sea el resultado de medios simplemente «económicos» o de expulsiones violentas «legalmente» organizadas. Allí donde el campesino no puede resistir o adaptarse a las nuevas condiciones de explotación de la tierra, no queda más que el exilio -«transitando» por unas ciudades europeas supernumerarias ya por colonias enteras.

La inestabilidad política tras los reajustes que la revolución industrial lleva a cabo en los aparatos de Estado cuenta también mucho aquí, forzando a huir de las persecuciones que afectan a las minorías. Es lo que ocurrirá con numerosos católicos irlandeses, luteranos de Prusia y cuáqueros noruegos. Una a una son abolidas en Europa las leyes que prohibían la emigración (incluso a los artesanos y obreros especializados): 1825 y 1827 en Inglaterra, 1848 en Alemania, pronto seguida por Escandinavia, a medida que las insurrecciones obreras convencen a las clases dirigentes de que es preferible dejar emigrar a los insurrectos, a afrontar el riesgo de que reconstruyan sus focos rebeldes.

La revolución industrial suprime así hasta el mar, «liberando» en una de sus orillas a las cohortes de brazos que asegurarán eh la otra el desarrollo del capital americano.

Durante este período, la inmigración irlandesa es a la vez la más importante y la más característica del movimiento de conjunto. En veinte años, Irlanda pierde 5/16 de su población. Este despoblamiento se produce primero en dirección a Inglaterra. A partir de ahí se establece una ruta triangular Irlanda/ Inglaterra/ América; la trata «moderna» de mano de obra asalariada acaba de nacer. Trata «libre» por lo demás. En la década de 1840, Irlanda ya no es más que un distrito agrícola de Inglaterra, pues ésta se ha cuidado de bloquear el desarrollo manufacturero local.

Los medios de producción están diseminados y ni los mismos centros urbanos se hallan en condiciones de consolidar una población asalariada. Periodicamente los propios artesanos y los obreros de las ciudades se ven obligados a volver al campo y participar en los trabajos agrícolas para subsistir. Sin industria y con una agricultura elemental, Irlanda va a conocer además un hambre espantosa desencadenada por la enfermedad de la patata. Como consecuencia de, ella perecen un millón de irlandeses. Ha llegado la hora del exodo masivo hacia los Estados Unidos, que traerá la fortuna a Liverpool, «escala» fundamental de este tráfico.

En América «tierra acogedora», el país en manos de los WASP relega a los inmigrantes a unas funciones precisas. Solamente un 10 % de los recién llegados podra establecerse en el campo como granjeros o aparceros. Su ígnorancía de las técnicas agrícolas americanas o, en el sur, donde son mas arcaicas, la competencia de los esclavos negros, les dejan poco sitio. Los irlandeses se amontonan en la costa Este, especialmente en torno a Boston y Nueva York.

Proporcionarán la primera reserva de mano de obra, tan reclamada por el capital americano. Su llegada pone fin al «escándalo» denunciado por Wakefield y Merivale: el capital americano va a poder disponer al fin de fuerzas de trabajo numerosas Y casi -tratándose de irlandeses «amaestrados» por el capital inglés- «disciplinadas».

De 1880 a 1915 nuevas fuentes de inmigración acaban de alterar la composición del mercado de trabajo.

En el año 1882, el 87 % de los nuevos inmigrantes eran originarios de la Europa del Noroeste; en 1907, la proporcion se ha invertido. De un total de inmigrantes (nuevos), el 80,7 % venian de la Europa del Sur y del Este. Esto es algo que indica la amplitud del cambio. Pero no es más que uno de los signos. Pues desde 1860 se han modificado muchos elementos. Veamos las cosas punto por punto:

- De 1880 a 1915 son censados en Estados Unidos no menos de quince millones de nuevos inmigrantes. En su aplastante mayoría vienen de Europa del Este (polacos, húngaros, moravos, checos, rumanos, Iítuanos, alemanes) y del Sur (italianos, griegos, armenios). Es que la industríalización, que en la primera mitad del siglo XIX habla expropiado a millones de habitantes de la Europa del Noroeste, produce los mismos efectos cincuenta años más tarde, desarrollándose hacia el Sur y el Este.

También aquí causas económicas y mutaciones políticas conjugan sus efectos. La era de la industrialización y de la creación de las naciones es tambíén la del éxodo para los pueblos. Todos desembarcan en la costa Este, mientras que la costa Oeste «acoge» a los ínmígrantes venidos de Asia: trescientos mil chinos (entre 1850 y 1880) huyen de los desórdenes provocados por la gran revuelta de los taípigs, especie de ensayo general antes de la «Larga Marcha» de Mao. También afluyen los japoneses. Primero a las plantaciones de caña de azúcar de Hawai. Después, la anexión de Hawai por los Estados Unidos les permite establecerse en el continente, adonde afluyen a razón de 100.000 por año, sin embargo, leyes racistas detendrán aquí una inmigracíón juzgada demasiado «peligrosa».

En su inmensa mayoría esta población nueva se compone de trabajadores sin ninguna especialización, que no han tenido prácticamente ningun contacto con los manufactureros ni el trabajo industrial. Desde muchos puntos de vista, estas masas de trabajadoress están mucho más desprovistas que sus predecesoras de la primera mitad del siglo

  - A esto hay que añadir que su «integración» resulta todavía más difícil y problemática, porque las «condiciones de acogida» se han modificado profundamente. Las posibilidades de establecerse en el campo son casi nulas. La «frontera» está cerrada. El Oeste está en manos de especuladores de la tierra y el hierro. El desarrollo de la red ferroviaria altera el paisaje natural y social del Oeste

En 1910,en vísperas de la guerra, el «balance» de la inmigracíón permite medir de una sola ojeada la fantástica «reserva» de mano de obra del capital americano, resorte fundamental de su futura acumulación.

He aquí, en primer lugar, el balance cuantitativo realizado a partir de los países de origen:

Alemanes   2 500 000
Rusos   1 500 000
Austrohungaros   1 500 000
Irlandeses   1 300 000
Italianos   1 300 000
Paises escandinavos   1 250 000
Gran Bretaña   1 250 000
Canada   1 250 000

Pero esta aproximación es todavía insuficiente, pues una visión cualitativa del mismo fenómeno permite poner de relieve ciertos caracteres esenciales para comprtender la mutación que se ha producido:

  - No se trata de una transferencia de «población»: la enorme masa de inmigrantes tiene de seis a cuarenta años y se compone generalmente de «trabajadores ya hechos» y, en su gran mayoría, masculinos. Es, en total, una inmigración de trabajo que «descarga» al capital de los gastos de educación y frecuentemente de mantenimiento de la familia.

  - Los inmigrantes están concentrados en zonas urbanas. Los «agricultores» vinieron en su mayoría antes del cierre de la frontera y de que los precios de los terrenos estuviesen gravados por la especulación- Se trata de europeos del Noroeste (noruegos, suecos, alemanes, holandeses, suizos, británicos). Por el contrarío, los que llegaron más tarde están en zonas urbanas: los 5/6 de los rusos (y de los irlandeses por las razones anteriormente indicadas): los 3/4 de los italianos y hungaros los 7/10 de los austríacos, escoceses y griegos; los 2/3 de los alemanes, etc

  - Por último, esta población no está distrtbuida por el conjunto del territorio americano, sino en un espacio mucho más restringido: al este del Misisipí y al norte de la línea Mason/Dixon, más aún, cuatro Estados acogen a la mitad de los inmigrantes de la segunda oleada: Nueva York (2,75 millones de personas), Massachusetts, Pensilvania e Ilinois (más de un millón cada uno).

En total, se ha constituido un formidable ejército de reserva, que por añadidura posée características más favorables al gran proyecto industrial en el que trabaja América que aquellas de las que se beneficiaron los países del Occidente europeo.

Es necesario precisar aquí que este ejército es «de reserva» en sentido estricto, pues la configuración general del proceso de trabajo, en la medida en que todavía se basa ampliamente en el «oficio» y la habilidad obrera, se presta poco en la práctica a la incorporación de las fuerzas de trabajo no especializadas de las que rebosan ahora los Estados Unidos.

De su proceso de formación completamente particular, la clase obrera sale con una «estructura» completamente singular.

  - Por un lado, un número relativamente escaso de obreros de oficio y artesanos que pudieron sustraerse a la vigilancia de las leyes europeas que prohibían su emigración y que, habiendo pertenecido frecuentemente a ligas y asociaciones obreras reconstruirán rápidamente sindicatos y asociaciones de defensa. De ellos nacerá la American Federation of Labor.

  - Por otro, una gigantesca masa de pobres diablos recién expropiados de sus campos, sin especialización ni conocimiento del trabajo industrial y privados de asociaciones de defensa colectiva de su fuerza. Es cierto que los «Knights of Labor» se constituyeron reclutando sus miembros esencialmente entre los «unskilled» que la AFL se negaba a organizar, pero su existencia fue efímera

La formidable inmigración condujo así a alterar totalmente la composición técnica de la clase obrera, en tanto que su representación organizada -también se dirá que su composición «política»- ,(teniendo como punto de apoyo y base a la AFL y al sindicalismo de oficio) seguía siendo prácticamente idéntica

En este «hueco», este desfase producido por la diferencia entre la compcisición técnica de la clase obrera y su composición politíca (sus instrumentos y medios de defensa y lucha) es donde se puede captar la significación del taylorismo como estrategia de dominación sobre el trabajo

Descomponiendo el saber obrero, «desmenuzándolo» en gestos elementales -por medio del «Time and motion study»-, haciéndose su dueño y poseedor, el capital efectúa una «transferencia de poder» en todas las cuestiones concernientes al desarrollo y la marcha de la fabricación. De esta forma, Taylor hace posible la entrada masiva de los trabajadores no especializados en la producción. Con ello, el Sindicalismo es derrotado en dos frentes.

Pues quien progresivamente es expulsado de la fábrica no es sólo el obrero de oficio, sino también el obrero sindicado y organizado. La entrada del «unskilled» en el taller no es sólo la entrada de un trabajador «objetivamente» menos caro, sino también la entrada de un trabajador no organizado, privado de capacidad para defender el valor de su fuerza de trabajo

Un mismo movimiento -la instauración del trabajo parcelado- apunta a dos blancos a la vez, acabar con la capacidad de resistencia del obrero de oficio y poner en marcha un proceso de trabajo que permita la entrada en el salariado de los trabajadores no especializados y no organizados

De ahí que la lucha en el taller -para introducir en él el cronómetro y su ley- sea inseparable de una lucha mas amplia, librada en el terreno social por la «libertad» de reclutar la fuerza de trabajo fuera de los sindicatos.

La «open shop campaign»: la organización concertada de las milicias antisindicales y antiobreras

Esta lucha emprendida por el capital americano y que acompaña a la entrada del cronómetro en el taller tiene una bandera y una consigna: el «open shop movement».

Como informa Bendix, ya desde antes de Taylor esta unanimidad antisindical y antiobrera da origen a las primeras coaliciones patronales, que actúan de manera sistematica y orgarnizada:

«En la convención de la National Association of Manufacturers de 1903, se reconocía claramente que un acercamiento colectivo al problema del trabajo constituia una nueva necesidad.»

Otra asociación patronal, la National Mutual Trades Association llena de Darwinismo social, pretende que triunfe la línea dura y su manifiesto se alza contra la llamada política sindical de «closed shop» «taller cerrado» a los no sindicados):

«En la medida en que nosotros, los patrones, somos responsables del trabajo efectuado por nuestros trabajadores (our workers), seremos nosotros quienes determinemos de manera discrecional qué hombres consideramos más aptos para efectuar el trabajo y las condiciones en que el trabajo debe hacerse; la cuestión de la competencia de los hombres depende de nuestra sola autoridad.»

Después vinieron los hechos: la «coerción» y la «violencia física» son frecuentemente utilizadas, los patronos movilizan milicias especializadas antiobreras y antisindicales, y se infiltran «confidentes» («spies» dice Bendix con una palabra más contundente, puesto que se traduce también por «espías») en el seno de las uniones para conocer su funcíonamíento y su plan de movilización y de lucha.

Otras corrientes de la ideología empresarial utilizan una técnica más flexible. En torno a la «National Civil Foundation» se intenta obtener la sujeción al nuevo orden de la fábrica por un principio -la «contratación periódica»-, estando el derecho de huelga prohibido entre contrato y contrato

Otras corrientes de la ideología empresarial utilizan" una técnica más flexible. En torno a la «National Civil Foundation» se intenta obtener la sujeción al nuevo orden de la fábrica por un principio -la «contratación periódica»-, estando el derecho de huelga prohibido entre contrato y contrato

En este amplio movimiento, el taylorismo aporta nueva savia. Como parte interesada y activa del «opert shop», subraya su importancia tanto más cuanto que éste proporciona el medio práctico para prescindir de los «skilled workers», además, también en esto cambia de terreno; no hay ninguna necesidad de proclamar la necesidad de la autoridad patronal, como hace la NMTA, por ejemplo, pues:

«Aunque en la visión tayloriana de las cosas, el ejercicio personal de la autoridad quede disminuido o eliminado, su ejercicio «científico» lo lleva al máximo.»

Eficacia tanto más temible -y volveremos sobre ello- cuanto que el aumento del rendimiento del trabajo en el taller racionalizado es tal que, al menos al principio, puede aumentarse, botablemente a veces, el salario de las clases más bajas de los obreros.

«Boicot» y «sello» -trastos de otro tiempo- no podran nada aquí. Despues de un último asalto (ver Testimony of Frederick W. Taylor at the House of Representatives, 1912) la AFL debera rendirse y transigir. La aristocracia obrera atacada en su misma fuerza pagara cara y hara pagar cara a toda la clase obrera su politica corporativista y colaboracionista.

I I I

EL «PENSAMIENTO ECONOMICO» DE TAYLOR

Tecnología particular del control del trabajo asalariado, el taylorismo es tambiény por eso mismo una estrategia económica de conjunto para el capitalismo norteamericano. «Estamos en la época de los Trusts y los Monopolios» anuncia Taylor desde las primeras paginas de Shop Management (1903), a fin de indentificar de entrada y claramente el carácter del periodo que se inicia y que exige romper con muchos arcaísmos.

Y es que Taylor tiene unas ideas muy claras acerca del crecimiento económico, y no solamente del taller, como ordinariamente se cree. Estas ideas pueden resumirse en unas cuantas sentencias simples. La primera idea de Taylor reviste la forma de un manifiesto:

«La fuente de la riqueza no la constituye el dinero, sino el trabajo.»

Más explicito todavía:

«La riqueza proviene de dos fuentes: en primer lugar, del suelo y de lo que se encuentra en el suelo y, después, del trabajo del hombre.»

Aquí se encuentra formulada de forma apenas distinta, la vieja idea de los clásicos ingleses según la cual la tierra es la «madre» de la riqueza, mientras que el trabajo es el «padre». De hecho, esta identidad de puntos de vista entre Taylor y los clásicos se repetirá prácticamente en todos los temas importantes.

Del axioma básico de que sólo el trabajo es creador de riqueza, Taylor saca las últimas consecuencias, ya que hace de él el fundamento de una teoría del «crecimiento». En efecto, sólo un aumento de la productividad del trabajo puede favorecer el desarrollo de la acumulación del capital.

«Estos cambios [de la productividad] son los que interesan al pobre, los que le dan el más alto nivel de vida y transforman los objetos de lujo de una generación en objetos de primera necesidad para la siguiente.»

Hecho notable: la idea de una producción y un consumo en masa está ya en germen en el aumento de la productividad.

Desde luego, Taylor no ignora que la «superproducción existe de vez en cuando», pero fiel también en esto a los clásicos, se refiere a la ineluctabilidad de una ley de los mercados que, una vez asegurado el aumento: de la productividad, garantizaría el buen desarrollo de la realización de las mercancías. La aplicación a gran escala del scientific management.

«disminuiría los precios de costo en proporciones tales que nuestro mercado interior y exterior se vería considerablemente ampliado... Se haría desaparecer así una de las causas esenciales de Los períodos de subactividad, paro y pobreza... De ese modo será posible pagar salarios más elevados y disminuir el número de horas de trabajosin dejar por eso de mejorar las condiciones de trabajo y el confort de la casa.»

De ahí le viene esa formidable seguridad que opone de antemano a sus detractores:

«Cualquiera que sea la oposición y de quien quiera que venga cualesquiera que sean su forma y su importancia, todo dispositivo que permita economizar trabajo acabará imponiéndose; ése es un hecho histórico.»

Ha que precisar que estas consideraciones no tienen para Taylor (hombre de industria por excelencia) un caracter especulativo. En el momento en que interviene, los Estados Unidos sufren una mutación industrial acelerada. Acabada la Guerra de Secesión (1861-1865), el Noreste industrial se adueña a marchas forzadas del territorio americano, sometiendo la explotación de sus recursos a sus propios rítmos y modos.

La guerra y el armamento le han dado este impulso a partir del cual se puede emprender la acumulación. Estados Unidos estan en vias de convertirse en la primera potencia industrial del planeta. Ademas, como ya se ha expuesto en el capítulo la manufactura y el oficio, las trabas cuantitativas que suponian hasta entonces la exiguidez y y la rigidez del mercado de trabajo han sido derribadas por la imigración. El último obstaculo importante que se alza todavía ante el desarrollo de la acumulación de capital sigue siendo esa «holganza obrera sistematica»* con la Taylor abre el Scientific Management.

*En los libros de Taylor -Shop Management (1903) y Principles of Scientific Management (1911)- este termino es referido mediante el slang "soldiering"

Así precisadas las cosas, el analisis de los tiempos y de los movimientos, protocolo central del «Scientific Management» (ver Time and motion study) aparecen como la respuesta tanto tiempo buscada por el capital para limitar y reducir la resistencia opuesta por el obrero de oficio y asegurar su expansión a gran escala.

IV

NUEVAS NORMAS DE TRABAJO

Una nueva mecánica se abre paso. Al invertir el orden del saber y del poder en el taller, el cronómetro «libera» un espacio nuevo para la acumulación del capital. Este complejo juego, que desestabiliza el antiguo equilibrio y la antigua relación de fuerza en provecho del capital, dirán que consiste en la instauración de nuevas normas de trabajo.

Es un proceso que esta expresión pretende designar y un proceso de doble dimensión, pues se cuestionan al mismo tiempo modificaciones que dependen del trabaJo concreto (el valor de uso de las fuerzas de trabajo requeridas) y del trabajo abstracto (las condiciones de la formación de los valores de cambio).

 - Desde el punto de vista del trabajo concreto, la «novedad» introducida por el scientific management se refiere ante todo al hecho de que el control obrero de los modos operatorios es sustituido por lo que se podría llamar un «conjunto de gestos» de producción concebidos y preparados por la dirección de la empresa y cuyo respeto es vigilado por ella. Este conjunto , de gestos, al principio locales y empíricos -por depender de las «medidas» de los crono-analizadores- llegará progresivamente, con la puesta a punto de las tablas de tiempos y movimientos elementales, a la categoría de un «código» general y formal del ejercicio del trabajo industrial. Lo importante es que con la puesta a punto de este código se asegura la integración progresiva de los trabajadores no especializados en los puestos de los «profesionales» de oficio, lo que provoca, con la transformación realizada en las condiciones del ejercicio del trabajo, un cambio en la composión de la clase obrera requerida.

 - Pero la expresión «nuevas normas de trabajo» también pretende designar aspectos cuantitativos, de rendimiento del trabajo. Poniéndose ahora en el punto de vista del trabajo abstracto, se designa el hecho de que está asegurado un formidable incremento de la productividad y, sobre todo, de la intensidad, del trabajo.

Atacado en su control de los modos operatorios, el obrero también lo es en su control de los tiempos. Aunque de una manera encubierta (por reducción de los «tiempos muertos»), estas mutaciones permiten de hecho un alargamiento de la duración del trabajo. Por eso, a medida que las nuevas normas de trabajo se extienden a través de las ramas y las industrias, se manifiesta un cambio en las condiciones (sociales) de la extracción del plustrabajo.

Fundamentalmente, Y en la medida en que inauguran un nuevo modo de consumo productivo de la fuerza de trabajo obrera, las nuevas normas de trabajo deben atribuirse a un aumento formidable de la tasa de explotación

Al organizar el taller y el trabajo sobre una nueva base «científica», el cronómetro asegura un cambio «de régimen» a la acumulación del capital. La producción en masa ha encontrado uno de sus pilares en el seno mismo del proceso de trabajo.