«Me dijeron: dame tu sangre y yo te dare un sobre de aspirina...»
Canción de la Cabila.
En el mismo momento en que se apodera del taller y del ejercicio del trabajo, la norma nueva se extiende a nuevos objetos. El salario esta presenteen el pensamiento empresarial desdehace mucho tiempo. Tanto en la American Society of Mechanical Engineers como en las Arts et Metiers de París, las seciones y comunicaciones de los ingenieros estan consagradas ante todo al sistema de renumeración. Tener sujeto al obrero por el salario parece ser ya a principos de siglo el medio menos arriesgado. También en eso la penetración en Francia de los métodos americanos va a impulsar una nueva via y va a hechar por tierramuchas ideas consideradas inmutables. También hay que hablar de este movimiento, pues es inseparable del movimiento de racionalización capitalista del trabajo y del nuevo esquema de acumulación que de el va a resultar.
También en esto hay que remontarse a Frederick Taylor para percibir el nuevo rumbo de las cosas. Ciertamente en la concepción Tayloriana, el salario sigue siendo lo que ha sido siempre en el fondo: un instrumento patronal de «estímulo» al trabajo. Y en este preciso terreno, Taylor, que entre todos los modos de remuneración posibles preconiza el método más sofisticado, el del salario diferencial por piezas -donde el mismo salario base depende de la mayor o menor cantidad de piezas producidas-, no se queda a la zaga. Pero en la práctica del salario se introducen nuevas preocupaciones.
Todo gira aquí en torno al significado que se debe dar a la recomendación tayloriana del «fair play», del «salario justo». En nuestra opinión, si hay que tomar esta proposición en serio, el «salario justo» trata de cumplir unas funciones nuevas. Y es, ante todo, parte integrante del dispositivo tayloriano de lucha contra el oficio.
Conseguir que el obrero -y su sindicato- renuncie a la «holganza» y a las «prácticas restrictivas» tiene este precio: garantizar mediante el salario una «garantía» mejor que la que pueda ofrecer la adhesión al sindicato y a sus prácticas de resistencia. Más aún, es una doble «ventaja» la que la empresa capitalista pretende suplantar mediante el salario: la de la «tarifa» y -lo que no es menos importante- la del beneficio de las cajas de socorro y ayuda mutua (en caso de accidente, enfermedad o paro) llevadas hasta entonces única y casi exclusivamente por el sindicato.
En otras palabras, apartar al obrero del sindicato exige ofrecer al obrero una «garantía» menos aleatoria de sus gastos de mantenimiento durante y fuera de los períodos productivos de ocupación en el taller. Tal es la nueva idea que comienza a abrirse camino en la práctica tayloriana del salario.
Hay que señalar aquí la importancia de la mutación, ya que también significa que el salario comienza a relacionarse -en la misma práctica capitalista- no ya solamente con la cantidad de «trabajo aportado», sino también con la cantidad de trabajo necesario para que el obrero asegure sus gastos de reproducción.
Se efectúa aquí una especie de deslizamiento, de «objetivación» del salario. De simple instrumento de «estímulo» al trabajo se convierte en instrumento de reproducción del trabajador. Y si se convierte en eso, si sufre esa metamorfosis, es porque la «incorporación al trabajo», el establecimiento de la relación salarial misma dependen de eso.
Además, la formidable intensificación del trabajo que resulta de la entrada del cronómetro en el taller lleva, por su parte -y casi independientemente de los factores ya señalados- a que se creen nuevas modalidades de reconstitución de las fuerzas de trabajo, más adecuadas al nuevo modo de consumo productivo de la fuerza de trabajo.
En la década de 1920, la Administración federal se lanza en esta doble dirección para hacer frente a esta doble exigencia. Sobre este punto, escuchemos a los historiadores del trabajo amencanos, que descríben el proceso con una precisión asombroa. Bajo el titulo «Una era de bienestar» Selig Perlman y Philip Taft escriben:
«El capitalismo de la época de Coolidge (con Hoover, un industrial
«científico» por excelencia, como secretario de Comercio) fue mucho
mas alla que Taylor. Desarrolló el capitalismo científico de Taylor
en dos direcciones:
Primeramente (...) generalizó el Time and motion study en todas
las industrias (...). [En nuestro lenguaje, digamos que generalizó
las nuevas normas de trabajo.]
En segundo lugar, el capitalismo del bienestar [welfare capitalism] desarrollo una metodología del control del trabajo mucho
más elaborada que las técnicas taylorianas de estimulación monetaria (...). El capitalismo del welfare se esforzó por ofrecer al trabajador un buen salario [a fair wage], una jornada de trabajo de duracíón razonable, unas garantías contra el paro, contra los
atentados a su salud y contra las prácticas discriminatorias e injustas, ventajas todas ellas que los sindicatos intentaban obtener a
través del control del trabajo [job control].
Así fueron sustituidas las garantías indirectas aseguradas por la práctica reivindicativa
sindical por las directas. Aplicada de continuo esta política de «sustitución» permitió la jornada de ocho horas (...), una mayor regularidad en el empleo gracias a las programaciones de la producción (...), menos prácticas arbitrarias (...) y unos «seguros colectivos» [group insurance] que comprendían en particular seguros de
vida en caso de incapacidad (por enfermedad y accidente) y pensiones de vejéz.»
Notable texto por cuanto explica la generalización de las nuevas normas de trabajo, por un lado, y las mutaciones en el salarió por otro, como resultado de un mismo movimiento. Quedan así precisados tanto el objetivo «económico» como el objetivo «social» de esta política de «sustitución» (de las garantías antes aseguradas por el sindicato por las de origen patronal): se trataba de privar a los sindicatos de las funciones generales «de asistencia» que los hacían populares entre los obreros, y en este sentido el welfare participa a su manera en la open shop campaign.
La lógica de la explotación y la del control del trabajo obrero conjugan así sus efectos: el nuevo uso capitalista del salario responde a unas funciones diferentes que debe desempeñar para permitir el desarrollo del nuevo esquema de acumulación del capital.
La puesta en marcha por parte de Ford del five dollars day debe comprenderse dentro de este marco y este contexto nuevos. Esta práctica ocupará por un instante nuestra atención, pues tanto lo que dice por sí misma como la justificación teórica que de ella da Ford permiten apreciar aún con mayor precisión el «deslizamiento» señalado en el uso capitalista del salario y aportan nuevos elementos de comprensión de la gran partida que se está jugando.
De que se trata? En 1914 Henry Ford anuncia un «acuerdo general sobre los salarios» Su disposición más espectacular -que da su nombre al «acuerdo general» consiste en un fuerte aumento del salario nominal (de 2,5 dólares diarios por término medio -2,3 en el caso de Ford- a 5 dólares). Pero un examen más minucioso pone rápidamente de manifiesto la complejidad del dispositivo y la, multiplicidad de las funciones que Ford pretende hacerle asumir.
1) Causas inmediatas del Five dollars day: ante todo la preocupacion por asegurar un aprovisionamiento continuo de fuerza de trabajo.
He aquí, según Nevins y Beynon -cronistas minuciosos de la Ford Motor Company-, las condiciones que presidieron la puesta en marcha del five dollars day. A finales del siglo XIX, Detroit, sede de la Ford Motor Company, tiene todavía la reputación internacional de ser una ciudad donde la fuerza de trabajo es dócil y abundante. «Perpetuaba ese estado de cosas -precisa H. Beynon- una política antisindical cuidadosamente concertada y puesta a punto por la Asociación de Empresarios de Detroit» Sin embargo, las cosas van a degradarse rápidamente
En efecto, l.a decada de 1900 es testigo del desembarco en los Estados Unidos de grandes masas de trabajadores procedentes de Europa central y oriental, así como de Oriente Medio. Además, la extraorinaria expansión de la industria automovística -sin comparación en la historia anterior- exige el consumo de una mano de obra cada vez más numerosa. En esas condiciones, era difícil para los empresarios de Detroit mantener su política de contratación y solidaridad paraconservar la fuerza de trabajo local en su estado de dependencia.
En efecto -recuerda Nevins- «el único pensamiento de los empresarios era encontrar hombres» «the one thought of the bosses was 'get the men'»). La industria automovilística se convierte rápidamente en una índustria de combate «hire and fire» (Nevins).
«No había derecho de antigüedad, todo el mundo era contratado al
día. Los talleres eran dirigidos con mano de hierro por los capataces. Si a esto se anade la monotonía del trabajo, se comprenderá, qué
las tasas de «turnover» fueran extremadamente elevadas y que los
trabajadores desertaran de las fábricas de automóviles.
Una cifra da la medida de las cosas: en 1913, «para un efectivo de
15.000 obreros, habian sido contratadas 53.000 personas en el año.»
(Working for Ford, Beynon)
Además, en Detroit, ciudad fronteriza reina un verdadero clima de violencia:
«Suciedad, trabajadores inmigrados, chabolas, corrupción y violencia los accidentes eran cosa corriente. Terreno ideal para el sindicalisrno y el radicalismo.»
Es la época en que la IWW (Industrial Workers of the World) conoce su expansión y su dinamismo máximos. En 1912 el secretarío de la Asociación de Empresarios de Detroit señalaba:
«Las fábricas son un polvorín ... [Nevins, p. 518]. Hay que hacer algo [something has to be done].»
El aumento de los salarios pretende romper este estado de insubordinación crónica. Pues, y ésta es la segunda de las condiciones en las que se aplica, la asignación del five dollars day está estrictamente regulada.
2) El five dollars day instaura, mediante el control del gasto del salario, una influencia en las condiciones de existencia de la población obrera.
En efecto, no todo el mundo puede beneficiarse del five dollars day. En primer lugar no afecta:
- a los obreros que no tengan por lo menos seis meses de
antigüedad (tiempo mínimo del período de prueba);
- a los jóvenes menores de veintiún años;
- a las mujeres: Ford «espera que las jóvenes se casen»
Además se exige una «moral intachable»: «limpieza y reserva eran cualidades claves: estaba prohibido el uso del tabaco y del alcohol»; también «el juego estaba proscrito como estaba prohibida la frecuentación de bares, en particular de bares de hombres» (H. Beynon, p. 21; también Nevins, p. 556)
Esta época -señala Benyon- marca el principio de la cooperación entre expertos de formación universitaria (sociólogos, psicólogos, psicotécnicos, etc) y hombres de negocios.
Henry Ford se rodea muy pronto de un «departamento de sociología» y de un cuerpo de inspectores y controladores. (Se trata de treinta «investigators».) Su misión esencial: controlar, desplazándose a los hogares obreros y a los lugares que frecuentan, cuál es su comportamiento general y, en particular, de qué manera se gastan el salario. Pues, como señala John R. Lee, director del departamento de sociología:
« Era fácil prever que cinco dólares diarios en manos de ciertos hombres podrían constituir un serio obstáculo en el camino de la rectitud y de la vida ordenada y hacer de ellos una amenaza para la
sociedad en general; por eso se estableció desde el principio que
no podría recibir este aumento ningún hombre que no supiera usarlo
de manera discreta y prudente.»
The so-called profit sharing systern in the Ford plant (1916) John R. Lee
¡Con tales métodos, es fácil imaginar que la selección fue severa! Y eso que el «beneficio» del five dollars day podía ser retirado en cualquier momento. Así, volviendo a las palabras de Lee, si un «investigator» se da cuenta de que el five dollars day es «más una amenaza que un beneficio para él», de que el obrero «ha caído en debilidades» (weaknesses), pierde su prima por un período de seis meses. Si al cabo de este período «no se ha apercibido de sus errores [he had not found the folly of his ways] es eliminado como obrero de la Ford Motor Company»
3) Esta selección y este control estricto permiten dar en el seno del taller un salto hacia la «racionalización de los talleres».
Hay que recordar aquí que el five dollars day es contemporáneo de la introducción de los transportadores, las cadenas y las líneas de montaje. Con ocasión del five dollars day, se procede a un estricto reparto de los trabajadores en los diferentes puntos de la producción, a lo largo de las líneas de montaje, en el aprovrsionamiento o la fabricación.
La libertad -y la posibilidad- de desplazarse esreducida al mínimo. «Andar no es una actividad remuneradora», gusta de repetir Ford.
Se enseñan los gestos requeridos y los trabajadores se ven obligados a repetirlos ejecutándolos lo más rápidamente posible. Los modos operatorioas impuestos son simplificados constantemente y el respeto a los mismos está controlado por los capataces.
Los tiempos asignados para cada tarea o grupo de tareas son «revisados» reevaluados y después fijados de manera estricta por el personal directivo. Todo el tíempo que el trabajador pasa en la fábrica se emplea de manera productiva en series de tareas muy precisas, cuya naturaleza y duración son fijadas de manera despótica por el maquinismo y su movirmento, cuando no por los servicios de «métodos».
Se introducen sanciones sobre el salario en caso de ausencía , retraso o falta de cuidado en el trabajo, acompañadas de cláusulas de despido. Se promulgan «reglamentos internos» cuyo estrícto cumplimiento es a la vez condición de contratación ... y de despido. Resumiendo, el five dollars day significa el triunfo de la cadena, no sólo en lo que ésta implica desde el punto de vista de la repetitividad y de la parcelación del trabajo, sino como principio despótico que rige las condiciones de trabajo de los ejercrtos de trabajadores que la sirven.
En este contexto, la cadena es el principal organizador del conjunto de la fábrica y de las relaciones que en ella se establecen entre los diferentes grupos de trabajadores. Así se explica la instauración del salario a jornal, (y no ya «a destajo») relativamente elevado. En efecto:
- por una parte, el trabajador se ve libre de la preocupación
(y de la necesidad para reconstituir su fuerza de trabajo) de
realizar su «prima» y queda así enteramente disponible para
poner en funcionamiento su fuerza de trabajo allí donde la producción lo requiera;
- por otra, y sobre todo, la introducción de la cadena invalida en lo esencial el sistema de «incentivos» mediante primas:
con la cadena, los mismos tiempos quedan incorporados al maquinismo y se imponen «objetivamente» al trabajador. Precisados estos hechos, no es de extrañar que el five dollars
day dé unos resultados excelentes:
- el absentismo y el turnover caen en picado. Desde 1914, el
turnover desciende a menos del 0,5 %;
- habiendo crecido la intensificación del trabajo en proporciones considerables, y pese a las alzas salariales y a la reducción de la jornada de trabajo de 9 a 8 horas, el costo de producción por coche baja en cerca de un 17 %.
- asegurado el aprovisionamiento de una mano de obra seleccionada y dócil, la expansión de la Ford Motor Company prosigue a un ritmo desconocido hasta entonces: 200.000 coches
fabricados en 1913, 500.000 en 1915, un millón en 1919, dos
millones en 1923. Ha nacido la producción en masa del automóvil.
Y no es una provocación el que Ford, hablando años después del five dollars day, pueda confiar:
«La fijación del salario de la jornada de ocho horas a cinco dólares fue uma de las mejores economías que jamás haya hecho, pero hice una mejor todavía al fijarlo en seis dólares.»
Nuevas condiciones ofrecidas para la reconstitución de la fuerza de trabajo obrera.
Triunfos, pues, para la Ford Motor Company. Pero hay que llegar más lejos. Pues tanto esta mezcolanza muy particular de paternalismo y vigilancia de tipo policial que practica Ford como en general el debate sobre los «salarios altos» que ocupa a toda la prensa patronal de la época son indicio de mutaciones fundamentales que, con la era de las «racionalizaciones del proceso de trabajo», afectan al modo de existencia misma del salariado. Pues, tanto dentro como fuera del taller, la racionalización tayloriana y fordiana actúa como un formidable vector de transformación de la composición de la clase obrera y de las condiciones de su reproducción.
Por lo demás, el fíve dollars day trataba de registrar esta «novedad», como en la década de 1920 lo harán las iniciativas de la administración Hoover. Conviene además medir su alcance generatv En un análisis que consagra al fordismo, Antonio Gramsci indica lo que en realidad está en juego en las mutaciones en curso. Al observar la gran inestabilidad de la mano de obra en las fábricas Ford, Gramsci pregunta:
«Pero ¿por qué tanta inestabilidad? ¿Cómo puede un obrero preferir
un salario inferior al que le paga Ford? ¿No significa esto que
los llamados «salarios altos» son menos suficientes que los salarios
más bajos de las demás empresas cuando se trata de reconstituir
la fuerza de trabajo gastada?»
Americanismo y Fordismo. (1929)
y para explicar esta aparente paradoja, Gramsci señala:
«La industria Ford exige a sus obreros una discriminación, una aptitud que las demás industrias todavía no piden, una aptitud de un género nuevo, uria forma de desgaste de la fuerza de trabajo y una cantidad de fuerzas usadas en el mismo tiempo medio, más penosas y más extenuantes que en otras partes, y que el salario no basta para compensar en todos los obreros, para reconstituir en las condiciones de la sociedad existente.»
Gramsci prosigue en este sentido y pasando de las consideraciones sobre el obrero individual a una observación sobre la clase obrera en su conjunto, se pregunta:
«¿Es posible conseguir que el tipo medio de obrero Ford se convierta en el tipo medio de obrero moderno, o bien esto es imposible, pues se acabaria en la degeneración física y el deterioro de la raza al destruir la fuerza de trabajo?»
Cosa notable, Henry Ford responde prácticamente punto por punto a las preguntas que Gramsci planteaba desde la carcel. Para explicar su políticade «salarios altos», declara sin rodeos:
«Pagando mal a los hombres, preparamos una generación de niños
subalimentados y subdesarrollados tanto física como moralmente,
tendremos una generación de obreros débiles de cuerpo y de espirítu. que por esa razón se mostrarán ineficaces cuando entren en la
industria. En definitiva, la industria pagara la cuenta.»
Working for Ford (Beynon)
Ni rastro, pues, de ese «miserabilismo.» que jalona las encuestas del siglo XIX. El «salario alto» es un ímperanvo del nuevo proceso de acumulación, del nuevo modo de consuomo de la fuerza de trabajo obrera. y en este terreno tan preciso de la relación entre gasto de la fuerza viva de trabajo y. condiciones de su reconstitución, Ford anticipa algunas proposiciones. De entrada señala prudentemente:
«Quizá sería posible calcular con exactitud (...) la energía que una jornada de trabajo quita a un hombre. Pero no es posible en absoluto determinar exactamente lo que costara restituirle esa energía
que nunca recuperará.»
My life, my work (1922)
Sin embargo, esta prudencia no impide en modo alguno afirmar -ya que aquí es la experiencia la que habla- que los «salaríos más altos que se hayan pagado hasta el presente están lejos de ser tan elevados como deberían» si se tiene en cuenta «... sus fatigas y el inevitable desgaste de sus fuerzas»
Tal es la primera mutación fundamental que registra, que debe registrar la nueva política patronal del salario. En su base está una cierta relación que debe reproducirsé entre modo de consumo y modo de reconstitución de la fuerza de trabajo
Pero esta «mutación», por importante que sea, no resume en su integndad las transformaciones en curso. Pues la novedad no es menor fuera del taller. La resumiremos brevemente diciendo que con la racionalización tayloriana y fordiana del proceso de trabajo se altera la relación existente entre las condiciones «dormesticas» y las condiciones mercantiles ofrecidas al obrero para la reconstitución de su fuerza de trabajo.
Evitemos ante todo que alguien se llame a engaño precisando bien el terreno de que aquí se trata. No partimos de una definición del valor de la fuerza de trabajo, que ya fue planteada de manera abstracta, en términos de tiempo de trabajo necesario. Esta en tela de juicio única y precisamente la alteración que produce la racionalizacíon, en las condiciones ofrecidas materialmente tal como se han desarrollado históricamente, en la reconstitución de las fuerzas de trabajo.
Desde este punto de vista, puede decirse que, en un mismo y único proceso, la «racionalización» actúa en dos direcciones complementarias:
- por un lado, favoreciendo la aparición de las grandes concentracíones, industriales y urbanas, va a contribuir a distanciar progresivamente al trabajador de las «condiciones domestícas» de la reconstitución de su fuerza de trabajo, arrancandolo del marco rural o semirrural del que sacaba -en unas condiciones no propiamente mercantiles- muchos de los elementos de su reproducción.
- por otro, a medida que asienta su hegemonía en los sectores de producción de los bienes de uso necesarios (para la reconstitución de la fuerza de trabajo), la «racionalización» contribuirá a que estos bienes de uso sólo sean disponibles en forma de mercancías, las cuales sólo podrán ser adquiridas desde entonces por medlación de la forma dinero, es decir por el salario
Este doble proceso -ruina del equilibrio doméstico y producción sobre una base capitalista de los bienes de uso necesarios- dara origen a lo que se designará como nuevas normas del consumo obrero. En pocas palabras, marca el paso de la dominación de las condiciones propiamente mercantiles sobre las condiciones no propiamente mercantiles de la reconstitución de la fuerza de trabajo.
Este «paso» puede definirse de otra manera. Diremos entonces que asegura la universalización de la mercancía y del intercambio mercantil de los bienes de uso necesarios y su preeminencia como modo dominante y pronto exclusivo de reconstitución de las fuerzas de trabajo.
Para apreciar su importancia y significación, hay que recordar que a finales del siglo XIX y todavía a principios del xx, la permanencia de los trabajadores en un marco «doméstico», las posibilidades que se le presentan -o que él se crea- de adquirir bienes de uso en unas condiciones no propiamente capitalístas ocupan un puesto en modo alguno despreciable.
Mientras esto fue posible, el capital siguió incluso la política consciente y deliberada de favorecer la reproducción de esa situación para man terier bajos los salarios. Es así como Engels explica el éxito en el mercado mundial de ciertos productos alemanes de exportación.
Para los Estados Unidos, Harry Braverman informa que «un estudio de 2500 familias que vivían en las principales regiones del carbón, el acero y el hierro en 1890 sugiere que la mitad de ellas poseían ovejas, aves de corral, huertas o las tres cosas a la vez». Casi el 30 % no compraban más legumbres que patatas durante todo el año. Algunos años después, en 1904, Peter Roberts describiendo también una región industrial -la de la antracita de Pensilvania- habla de las numerosas granjitas cultivadas por los empleados de la Philadelphia and Reading Coal & Iron Company» a lo largo de los valles del Shinkil y del Transhill.
Los progresos de la productividad y del rendimiento del trabajo en los sectores productores de los bienes de subsistencia - necesarios acabarán con este estado de cosas. Aquí es esencial el papel de la «racionalización» de la misma agricultura, aunque ésta se efectúe siguiendo ritmos y modalidades diferentes de un país a otro. Desde este punto de vista, es frecuente oponer el «modelo» americano al que se desarrollará en Europa.
Michel Aglietta muestra, al menos en lo que se refiere a los Estados Unidos, cómo el desarrollo de la «gran agricultura» extensiva y mecanizada desempeñó un papel esencial al hacer accesibles a «bajo» precio grandes cantidades de bienes de uso necesarios para la reconstitución de las fuerzas de trabajo.
Formas particulares de lo que él llama capitalismo de la «frontera», específicas de la producción agrícola, se desarrollan paralelamente a la racionalización de los procesos de trabajo industriales.
En Europa, y especialmente en Francia, la «pequeña explotación» se ha mantenido mucho más tiempo, pero, como señala Servolin, la conservación de las formas sociales tradicionales de la explotación campesina es eclipsada por una sumisión cada vez mayor de la agricultura a las exigencias de la producción industrial. En Francia no es sino después de la segunda guerra mundial cuando se establece un sector agroalimenticio de tipo industrial.
Desfase «temporal» que no hace más que reproducir en el orden de la producción agrícola el desfase entre el desarrollo de la producción en masa en los Estados Unidos y en Francia.
Producción sobre una base capitalista de bienes de uso necesarios, ruina del equilibrio doméstico y ampliación de la esfera del salariado aparecen así como fenómenos ligados; inherentes y necesarios al funcionamiento del nuevo esquema de acumulación del capital que resulta de las grandes racionalizaciones del proceso de trabajo. Más allá del «nivel» del salario, se trata de problemas de conjunto, concernientes al modo de consumo o productivo y de reconstitución de la fuerza de trabajo obrera.
Estos problemas sólo encontrarán su forma «adecuada» en las decadas de 1930 y 1940, con la instauración de los sistemas de prestaciones indirectas, pero convenia mostrar como hay que atribuir a las mutaciones taylorianas y fordianas la aparición de un pensamiento y una práctica nueva del salario.